No viene, quizá no quiera verme, o... puede que lo haya atropellado ese coche blanco tan bonito que tiene una chica rubia que vive tres calles más allá de la panadería donde hacen los pasteles que me gusta comer los domingos, esos que llevan nata por dentro, de camino a la floristería, donde iba a comprarme esas rosas rojas que tanto me gustan, donde les dejan las espinas, ya se sabe, si una rosa no tiene espinas no es bella, tiene que ser dolorosa e intensamente bonita al mismo tiempo, él solía decir que las rosas son como las mujeres, yo creo que no, somos difíciles los dos sexos, cada uno tiene unos prejuicios, algunos tenemos de esos que no te dejan dormir, de esos que ponen nerviosos a los compañeros de cama, que de tanto dar vueltas y remover las sábanas se hacen un ovillo.
O quizá está bien, tan sólo se ha retrasado porque estaba pensando en mí, o en otras. Puede que me esté equivocando con él, que lo crea muy buena persona y no lo sea, o puede que me equivoque ahora al dudar de su bondad, no sé, mira, ya vendrá si quier
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